miércoles, marzo 09, 2005


Curso de Ética básica

Hemos recibido por los cauces habituales este breve resumen ilustrado de un Curso Elemental de Ética.
A pesar de su aparente simplicidad, encontramos algunos elementos dignos de consideración:


a) La primera pregunta ("¿Cómo podemos ayudar a los demás") recibe una respuesta rápida contundente: "Dándoles dinero y comida". Es lo básico, si presuponemos que los demás tienen necesidad de ser ayudados por alguien. Y, necesario lo que se dice necesario, el dinero y la comida lo son (por este orden, claro). El modo que tiene un niño de ilustrar la necesidad se refleja en los remiendos del vestido (el recurso típico), en el pelo (menos cuidado que el de la donante, parece) y, sobre todo, en la cara de alegría verdadera que pone la receptora. A su lado, la sonrisa de la donante expresa más bien satisfacción. Nótese que la comida entregada es variada (fruta, carne, etc.), elaborada y abundante, en lugar del típico bocadillo de compromiso que, como mucho, la mayoría suele aportar en estos casos.

b) La segunda pregunta es mucho más compleja: "¿Por qué deberíamos ayudar a los demás?" Para abordarla remite a un nivel de argumentación a medio camino entre la Ética Normativa y la Metaética, donde se abordaría el problema de la motivación ética y sus implicaciones para el razonamiento moral. En todo caso, nuestra dibujante no se corta y ofrece el tipo de respuesta habitual en el marco de los enfoques éticos deontologistas: Apela al deber de respetar (que siempre viene bien, y encaja con la archiconocida "regla de oro", en cualquier de sus versiones (p.ej.: 'Trata a los demás como quieras que te traten'). Este deber, en el fondo, es lo que está detrás de cualquier reconocimiento de derechos humanos (para los que no basta el mero reconocimiento o aprobación formal, sino que es preciso conseguir su "respeto" en la práctica política, social, institucional, etc.). Pero -y es normal, con 8 años- se le cuela en su espontaneidad la motivación más frecuente a su edad para ayudar a los demás: "ser buenos". Y lo ilustra de escándalo con la niña formalita sentada en su pupitre, cuyo aro de bondad no puede dejar indiferente a la 'seño' al pasar.

Podríamos decir que todavía queda mucho por madurar hasta alcanzar el nivel postconvencional en el desarrollo moral de Kohlberg (Nivel 6: Moral de principios éticos universales. La perspectiva social consiste en el reconocimiento de principios morales universales de los cuales se derivan los compromisos sociales, pues las personas son fines en sí mismas y así deben ser reconocidas.), pero podemos comprobar que en la respuesta a la primera pregunta muestra indicios inequívocos de tener claras las actitudes coherentes con este nivel de desarrollo moral, de orientación universalista y atento a las consecuencias. ¿Dónde estaría, pues, el inconveniente, para que la respuesta a la pregunta "¿Por qué debería ayudar a los demás?" se ilustre con una actitud típica del nivel 1, en combinación con aspectos del nivel 4 de Kohlberg?

Creo que en la polivalencia de las motivaciones, razones y sentimientos que se hallan en la base de cualquier desarrollo moral. Es innegable que la búsqueda de la aprobación por parte de personas a las que respetamos o apreciamos tiene un papel importante en alguna fase de nuestra infancia, y que nuestra imagen seguramente se desarrollo y consolida a partir de referencias y modelos o criterios de conducta que en su momento quisimos imitar. Pero incluso este esquema, que no sería aconsejable como ejemplo deseable de motivación para la acción moral más allá de cierta edad, puede tener efectos transitorios positivos y dar lugar a buenas prácticas. Sería, por lo demás, el esquema propio de toda actuación por deber en el marco de las éticas deontologistas, donde el respeto a los derechos, a la ley o a la norma reviste una importancia similar a la que tiene la aprobación de nuestra conducta por parte de la 'seño', que en clase y a cierta edad es la viva personificación del deber para muchos. No obstante, este dibujillo apunta una posibilidad que en su momento sugirió Stephen Toulmin: Cuando debatimos sobre principios y argumentos morales ("Por qué"), los disensos resultan irreconciliables; cuando analizamos casos prácticos de actuación moral y deliberamos sobre sus consecuencias, incluso entre quienes comparten puntos de partida, principios y criterios de razonamiento moral opuestos llegan a producirse acuerdos.

Con esto, creo que tenemos mucho adelantado en materia de educación moral a partir de este dibujito tan sencillo.

Más información:
1. Bonifacio Barba Casillas, «Influencia de la edad y de la escolaridad en el desarrollo del juicio moral». Revista Electrónica de Investigación Educativa Vol. 4, No. 2, 2002.
2. A SUMMARY OF LAWRENCE KOHLBERG'S STAGES OF MORAL DEVELOPMENT.
3. Enseñando Etica en un Mundo Posmoderno.
4. Stephen Toulmin: An Intellectual Odyssey.
5. Stephen Toulmin
6. Sobre el libro "Cosmopolis", de Stephen Toulmin.

sábado, marzo 05, 2005


Papá casado por fin con la computadora

La adicción de algunos señores mayores a ciertos artefactos no pasa desapercibida a los pequeños, que evalúan en términos de tiempo e interés manifiesto la dedicación que requiere una relación para ser considerada afectiva, una categoría bastante más exigente que el mero interés funcional o instrumental.

Las muchas posibilidades de cualquier equipo informático multimedia llegan a captar una atención a menudo excesiva de muchos recién llegados al universo digital, que descubren de golpe un sinfín de posibilidades de aprendizaje y cauces novedosos para su curiosidad y creatividad.

Si además se suman las posibilidades de interacción y acceso a información que brinda una buena conexión a internet, el riesgo de perderse ante la pantalla y olvidarse del tiempo que es preciso invertir en las relaciones humanas "de calidad" para mantenerlas, ampliarlas o mejorarlas es elevado. Esto, naturalmente, no rige para misántropos e individuos hoscos y huraños, o para ejemplares fotófobos y fobofóbicos ('fobofobia': MED. Estado psicasténico que se caracteriza por el miedo a tener fobias).

[Nótese en el dibujo la alegría sincera y desinteresada de los contrayentes, paralela al júbilo de sus más allegados, que respiran por fin tras varios meses de preocupación por el deterioro imparable de la anterior relación y seguros ya de que su querido amigo ha encontrado, por fin, el camino de la felicidad y la verdadera dicha al lado de una compañera inteligente, entretenida, útil y -esto es lo de menos, pues dependerá de la calidad de los componentes- fiel.]
Ojidigital Press